Uruguay invirtió 7.000 millones de dólares en energía: qué dejó la transformación de la matriz

En pocos años el país pasó de depender del petróleo y de las lluvias a generar casi toda su electricidad con fuentes renovables. Qué se hizo, cuánto costó y qué queda por resolver.

Por Redacción Uruguay Sustentable · · 2 min de lectura

Aerogeneradores en un campo verde
Aerogeneradores en un campo verde. Foto: Unsplash.

A comienzos de la década de 2010 Uruguay tomó una decisión que hoy se estudia en otros países: cambiar de raíz la forma en que produce su electricidad. Entre 2010 y 2016 se invirtieron alrededor de 7.000 millones de dólares, buena parte de capital privado, en parques eólicos, plantas de biomasa, generación solar y obras de transmisión. Fue una de las inversiones en energía más grandes de la región en relación con el tamaño de la economía.

De dónde se partía

Antes del cambio, el sistema descansaba en las represas del río Negro y de Salto Grande. En los años secos, la falta de agua obligaba a quemar gasoil y fueloil en centrales térmicas o a comprar energía a los países vecinos, con costos que se trasladaban a las cuentas públicas y a las tarifas. La dependencia del petróleo importado era, además, un riesgo para la balanza comercial.

Una política de Estado

La clave fue que la estrategia no quedó atada a un solo gobierno. La política energética con horizonte a 2030 fue discutida por todos los partidos con representación parlamentaria, lo que dio previsibilidad a los inversores. UTE firmó contratos de compra de energía a largo plazo con los parques eólicos y el Estado fijó reglas claras para conectarlos a la red.

Qué cambió en la práctica

En años de lluvias normales, más del 90 % de la electricidad uruguaya sale hoy de fuentes renovables. En los años secos el número baja, porque las represas aportan menos y vuelve a aparecer algo de generación térmica.

Lo que queda pendiente

La electricidad es solo una parte de la energía que consume el país. El transporte sigue dependiendo casi por completo de los combustibles fósiles, y por eso la discusión actual pasa por la movilidad eléctrica, la eficiencia en los hogares y los proyectos de hidrógeno verde. También aparece un desafío nuevo: qué hacer con la energía que sobra en las horas de mucho viento o mucho sol, cuando la demanda es baja.

Para los hogares, la transformación abrió una puerta concreta: hoy cualquier casa puede generar su propia electricidad con paneles solares y conectarse a la red de UTE.

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